viernes, 23 de marzo de 2018

Del Puente Carlos a la Iglesia San Nicolás


Tomé el tranvía hasta un par de cuadras antes del puente Carlos. La mañana estaba nublada y corría un viento helado por la rivera del Moldava. A pesar del frío, caminé a paso lento disfrutando de la vista al río y el omnipresente castillo de Praga.


Puente Carlos

Puente Carlos

Puente Carlos

Así llegué hasta el acceso del puente Carlos: Una torre enorme con figuras que la custodiaban opacas y silenciosas. Delante mío se abría un pasaje desde donde alcanzaba a divisar el piso adoquinado y un algunas de las 30 esculturas que lo adornaban . Respiré profundo, hice algunas fotografías y comencé a caminar.

Cruzar el puente Carlos, sentir el viento helado en el rostro, el sonido del río y el canto de las aves es una experiencia muy especial. A paso lento fui contemplando las esculturas, el agua corriendo y la expresión feliz de los turistas haciéndose fotografías.

Iglesia San Nicolás

Así llegué al barrio Malá Strana. Crucé la torre del puente y me encontré con una calle de hermosos edificios coronados por la cúpula y la torre de la iglesia San Nicolás. El templo fue realizado por los arquitectos Dientzenhofer a principios del siglo XVIII y el campanario por Anselmo Lurago.

No me agrada la función actual de la iglesia, pero sus construcciones no pueden dejar de persuadir mis sentidos. Generalmente marcan presencia en el corazón de los centros urbanos de occidente y lo suelen hacer echando mano de arquitectura fastuosa y obras de arte de importancia universal. Además, sus campanarios suelen ser excelentes miradores para disfrutar la vista de las ciudades.


Iglesia San Nicolás

Iglesia San Nicolás

Iglesia San Nicolás

Apenas salí del café U Kostela atravesé la calle y pague las 100 coronas que costaba la entrada al campanario de San Nicolás. Subir por las escaleras estrechas y serpenteantes me ayudó a entrar en calor y la vista desde la estrecha terraza era fantástica. Desde ahí se veía el Puente San Carlos, las cúpulas cerca de la Plaza de la Ciudad Vieja y los techos del resto Praga.

Praga #RepublicaCheca

Bajé por donde mismo y crucé otra vez hasta la galería frente a la plaza Malá Strana. Entré a una pequeña taberna llamada Palliardi y pedí una sopa de goulash acompañada de cerveza Pilsner Urquell. La sopa estaba sabrosa y me ayudó a entrar en calor. No alcancé a terminar la cerveza cuando la garzona me ofreció otra con una amable sonrisa. No me pude resistir.

En la calidez del pequeño bar aproveché de escribir para el blog y dar un vistazo a la guía Michelin antes de partir a caminar nuevamente por las calles adoquinadas de Praga.

Catedral de San Vito
Hernán Castro Dávila
Praga, República Checa