domingo, 13 de mayo de 2018

Remedos de otros tiempos: Biblioteca barroca y torre astronómica



Mi último día en Praga desperté tarde y con resaca. Me levanté para desayunar y me volví a acostar. Descansé hasta pasado el medio día, me levanté y tomé nuevamente el tranvía hasta la altura del Puente Carlos. Esta vez mi objetivo era visitar el Klementinum y su Biblioteca Barroca. Luego de dar un par de vueltas de más fui a dar con la que fuera una universidad jesuita hace años atrás y donde actualmente se ubica una gran biblioteca.


Klementinum

Klementinum

Klementinum

Esperé mi turno para la visita guiada (Única forma de acceder a la Biblioteca Barroca por 250 coronas checas). Llegaron tres jóvenes más y partimos el recorrido. Subimos por una escalera de caracol y el guía nos contó la historia de connotados astrónomos que había trabajado en dicho edificio.

Luego pasamos a la Biblioteca Barroca. Lamentablemente no se podía tomar fotos, así que en mi memoria solamente quedó el recuerdo de ese enorme espacio lleno de repisas con libros de lomo antiguo, techo con un fresco que ampliaba la perspectiva del lugar a lo lejos y hermosos globos terráqueos dispuestos sobre el suelo.

Todo esto lo vimos desde la puerta, mientras el guía explicaba en inglés la forma en que estaban clasificados los libros, cómo se había construido la biblioteca y desde qué año fue abierta al público. Además no explicó que todo el material ahí disponible está siendo digitalizado.

El lugar era realmente sobrecogedor. Los libros dispuestos sobre esas repisas barrocas llenas de detalles, los globos terráqueos, las pinturas. Todo te trasladaba a una época pasada, donde el conocimiento se confundía con el arte y la ciencia con la alquimia.

Klementinum

Klementinum

Klementinum

Seguimos subiendo por la torres astronómica. Ahí el guía nos fue mostrando antiguos instrumentos utilizados por los astrónomos y profesores jesuitas de hace dos siglos atrás. Llegamos hasta la parte superior y nos asomamos a una hermosa vista de Praga.

De regreso dentro, el guía nos mostró las escaleras pequeñas que seguían subiendo hasta pequeña escotilla que comunicaba con el techo de la torre. Hasta ahí llegaban los astrónomos para ver las estrellas y los planetas. Realmente alucinante.

Klementinum

Volvimos a bajar todas las escaleras. Ya fuera del Klelementinum volví la vista hacia la cúspide de la torre y me imagine a ese astrónomo loco colgando del techo, tratando de ver las estrellas y comprender el mundo.

Pensar que hoy los mayores observatorios del mundo se encuentran en el norte de Chile. Hace unos meses visité uno en Mamalluca y era emocionante, más ya no sé si tenía el aura mágica que emanaba de esa torre astronómica junto al Puente Carlos y las cúpulas de las iglesias. A veces siento que a nuestro mundo, a la sociedad actual, no le vendría mal un poco más de magia y menos tecnología. Quizá por eso lugares como Praga captan tanto la atención de los turistas, quienes llegamos en masa en busca de ese encanto perdido en el proceso de modernización.

Hernán Castro Dávila
3 de febrero del 2018
Estambul, Turquía