sábado, 14 de abril de 2018

Divagaciones vitales por las calles de Praga



Aquella mañana regresé al Puente Carlos más temprano que el día anterior esperando encontrar menos turistas y lo logré. El puente estaba con poca gente. Volví a atravesarlo deteniéndome en sus figuras sufridas y enormes. Arriba mío volaban algunas gaviotas. El viento helado me golpeaba el rostro y el sol se asomaba a ratos.


Durante mi primer viaje a Europa fui leyendo La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. Como con las novelas de Murakami, con Kundera me pasó que disfruté el libro, pero apenas lo terminé la trama desapareció de mi cabeza. Salvo que parte de ella sucedía en Praga.

Entre paréntesis, leer una novela en un viaje por varias ciudades es algo poco sustancial. Finalmente renuncié a ese ejercicio y, hoy, para mi segundo viaje sólo cargo con libros sobre ciudades. Novelas, cuentos y ensayos esperarán a mi regreso en Valparaíso.

Puente Carlos

Puente Carlos

Puente Carlos

El viento chocaba en mi rostro y mi ánimo ya no era eufórico como ayer, sino más bien melancólico. Por supuesto la captura de alguna bella imagen me abstraía de los pensamientos y me volvía conectar con el presente. Pero luego volvía a esa sutil melancolía.

¿Por qué viajar solo a Europa? ¿Por qué partir en Praga? Las preguntas sonaban como el tipo de interpelación que requería hacerme a mí mismo. Por suerte la fotogénica Praga lograba sacarme de esas divagaciones y me traía a la calle nuevamente.

Malá Strana

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás

De a poco me interné por las bellas calles de Malá Strana. Cuando pasé fuera de la iglesia San Nicolás fui hasta el acceso principal y pagué las 100 coronas que valía la entrada. Según mi guía Michelín era un lugar que no podía dejar de visitar. Y mi libro tenía razón. Apenas entré la iglesia me atrapó. Enormes figuras en movimiento, perspectivas al infinito, rostros exaltados, colores y perspectivas. El edificio diseñado por los arquitectos Dientzenhofer en el siglo XVIII era una provocación a los sentidos.

Regresé a la calle y fui por mi primer cortado de la mañana. Subí fotografías del día anterior a mis redes sociales, hice una historia para Instagram y me invadió cierto vacío existencial. Esto era todo lo que quería hacer, lo estaba haciendo y sin embargo no bastaba. Somos tan extraños los humanos.

Malá Strana

Malá Strana

Malá Strana

Regresé a los pasajes estrechos de Malá Strana y me dejé llevar por aquellos que captaran más mi atención. Bajé por una escalera, me introduje por un pasaje colorido y llegué a un punto en el que no había salida.

Museo de la Alquimia

Museo de la Alquimia

Museo de la Alquimia

¿Qué busco en un lugar cómo este? ¿Qué busco yo y los miles de visitantes que pasean por sus calles a diario? Retrocedí sobre mis pasos y me encontré con el Museo del Alquimista. Pasé junto a una vaca amarilla, bordee un bicho gigante y saludé a dos mujeres. 180 coronas salía la entrada al museo. Las pagué y me dejé llevar por este universo quimérico. Frascos, muñecos, fórmulas, simulaciones de laboratorio, historias falsas cruzadas con datos reales. Hice unas historias para Instagram y pensé en los hijos de una compañera de trabajo. Es probable que a ellos les encantaría estar en un lugar así. A mí me distrajo y pensé que era un poco injusto criticar a los turistas que se movían en Praga como en Disneylandia. Al final del día, las cosas no eran tan distintas en uno y otro lado: castillos, fantasías y magos.

Barrio del Castillo

Originalmente mi objetivo era volver al Callejón del Oro para encontrarlo con menos turistas y hacer fotografías (Como si no estuviera lleno de turistas siempre), pero seguí por una escalera que había visto el día anterior y me había encantado. Subí, subí, pasé por debajo de una casa y seguí subiendo hasta llegar al otro extremo de la plaza del palacio. Doblé en sentido contrario y seguí caminando.

Santuario de Loreto

Novy Svet

Novy Svet

Sin quererlo llegué hasta el Santuario de la Virgen de Loreto. Hice algunas fotografías por fuera, pero ya no quería pagar una nueva entrada. Revisé la guía y vi que cerca de allí había un pequeño barrio que solía estar solitario. Bordee el Santuario bajé por un pasaje estrecho de adoquines y llegué a la calle Novy Svet. Ahí me encontré con hermosas y pequeñas casas de formas irregulares. En verdad eran muy lindas. Nuevamente Praga me sacó de mis pensamientos.

Praga #RepublicaCheca

Hice algunas fotos y fui por mi almuerzo a un pequeño restaurante donde ofrecían la famosa sopa de goulash servida dentro de un pan. No aguanté a la atención y pedí el plato. La presentación se veía muy bien y además era muy sabroso. Me gusto cucharear el pan por dentro y comerlo junto con la sopa. El sabor de la sopa me trajo otra vez al aquí y al ahora. Había internet, así que continué subiendo fotos del viaje desde el celular. Varias personas las marcaban como favoritas y les hacían comentarios. Yo respondía gustoso. Al final de la jornada, ellos era mis verdaderos compañeros en este viaje. Porque en estricto rigor, nunca he estado solo.

Barrio del Castillo

Barrio del Castillo

Jardines Reales

Estuve casi una hora en ese restaurante ya que el palo me lo pegaron con la cerveza. La cuenta me salió más alta de lo que esperaba. Regresé a la calle y me dio lata volver a entrar al castillo. Preferí bordearlo y fue una buena alternativa, pues la ruta era muy bonita. Así llegué hasta la base del cerro y compré un chocolate caliente para pasar un poco el frío.

Viejo Cementerio Judio

Viejo Cementerio Judio

Viejo Cementerio Judio

Mi próxima parada sería el Antiguo Cementerio Judio de Praga, cuyas criptas adquieren un carácter muy especial por la aglomeración de cuerpos enterrados y el paso del tiempo. En mi ingenuidad pensé que las criptas estarían a la vista, pero evidentemente estaban dentro de una propiedad. Para poder acceder al cementerio se debía comprar un pack de entradas por 330 coronas. Era caro, pero ya estaba ahí y quería conocer ese lugar.

Praga #RepublicaCheca

La imagen de las lápidas de cemento ladeadas, chocando unas con otras y cubiertas de musgo resultó impactante. La muerte. Delante de mi nariz estaba la muerte. Un cuervo que observaba desde un árbol lo sabía, Kafka, que caminó por estas calles también lo sabía. Ahí estaba, fría y silenciosa. Mi celular dejó de funcionar. La cámara se negaba a capturar las tumbas. Lo reinicié y el iPhone volvió en sí. A mitad de camino la cámara fotográfica se quedó sin batería (Una curiosa coincidencia, pero la desproligidad fue mía al no cargarla la noche anterior).

Sinagoga Española

Sinagoga Española

Praga #RepublicaCheca

Por el mismo precio entré a una sala con listados enormes de judios asesinados en el Holocausto y a otro recinto donde había indumentaria religiosa judia vinculada a la muerte. Por último, fui hasta la Sinagoga Española. Por fuera parecía un edificio normal, pero por dentro me sorprendió el colorido y el diseño de las paredes, todo muy armónico y cromático. Lástima no tener batería en la cámara, pensé. Hice algunas imágenes con el celular, disfrute del silencio y la tranquilidad del lugar antes de volver a la calle.

Praga, República Checa

Tras comer un choripan gigante con un vaso de vino caliente regresé al hotel. Por mi cabeza pasaban lo sublime de la iglesia San Nicolás, la alquimia pagana, la muerte y la armonía de los judíos. Me dolían las piernas, mis preguntas seguían sin respuesta y yo solo quería una ducha.

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Hernán Castro Dávila
Praga, República Checa
29 de enero del 2018

Apuntes y Viajes

Hernán Castro Dávila