jueves, 22 de diciembre de 2016

Aguas de Ramón: Arriba en la cordillera


A veces nos sucede que necesitamos caminar, trotar, correr. Y de pronto, con la misma urgencia necesitamos detenermos, respirar, beber agua. Esto es difícil de explicar a una persona que no realiza deporte de manera regular. Es como una droga, pero sin sustancias externas de por medio. Si a esto le sumas un sendero de tierra, vistas hermosas y la pendiente de una montaña, todo puede ser todavía mejor. Mientras dura el trayecto la vida se transforma en una especie de vídeo juego con una meta clara, senderos alucinantes, fuertes palpitaciones y respiración acelerada.

Mi primer cerro fue La Campana. Me gustó tanto que años después, en pleno proceso de cambio personal, necesité subirlo de nuevo. A través de Instagram vi que que amiga Vicky Muñoz se puso como meta subir cada semana un cerro. Me pareció genial. La invité a subir La Campana y se sumó. Un mes más tarde me invitaría a un recorrido de duración similar (7 horas de caminata) pero con otro punto de partida. Ya no sería Olmué, sino Santiago. El cerro se llamaba Aguas de Ramón y el punto específico al que queríamos llegar era el Salto de Apoquindo.

Partimos a eso de las 9 desde Ñuñoa. Un par de combinaciones en bus y metro, una caminata suave entre las "casitas del barrio alto" de La Reina y llegamos a la entrada del parque. Nos anotamos en la recepción, pagamos dos mil pesos y comenzamos a subir.

Cerro Aguas de Ramón

Cerro Aguas de Ramón

Cerro Aguas de Ramón

Atrás se alcanzaba a observar el corazón financiero de la ciudad atravesado por el Costanera Center. Delante, un sendero de tierra y barro sobre el que pisábamos mientras el sol ascendía en el cielo.

Cerro Aguas de Ramón

Cerro Aguas de Ramón

Cerro Aguas de Ramón

Los primero 20 minutos fueron de una pendiente marcada que me hizo sentir las copas de vino tinto bebido la noche anterior. Luego continuamos por un agradable sendero que se internaba por la cordillera, accediendo a bellas vistas de pastizales amarillos, cactus, un estrecho río y, a lo lejos, la cumbre nevada de la cordillera.

Así llegamos hasta Los Peumos, una pequeña y agradable caída de agua rodeada de bosque. Descansamos un momento y comenzamos a ascender por una ruta más empinada e irregular. Atravesamos un estrecho río e iniciamos la ruta hacia el Salto de Apoquindo.

Tras casi una hora de caminata llegamos a una planicie desde donde ya se podía observar el salto de agua a lo lejos. Sin el desafío de la pendiente, esta parte del trayecto fue un descanso, hasta que debimos descender por un quebrada, saltar un riachuelo y luego ascender nuevamente.

Cerro Aguas de Ramón

Salto de Apoquindo, Cerro Aguas de Ramón

Salto de Apoquindo, Cerro Aguas de Ramón

Unos cuantos pasos más y llegamos a la meta. Entre el roquerío y los árboles nos encontramos con la bella caída de agua. El Salto de Apoquindo era más alto de lo que me imaginaba. Al acercarnos pudimos sentir la fuerza del sonido y suavidad del rocío que se alzaba en el aire cuando el agua se estrellaba contra la superficie y las rocas.

Junto a nosotros, el resto de caminantes disfrutaban del espectáculo, el descanso y una merecida colación. Cabe destacar la limpieza del lugar y la buena organización del espacio. Antes de internarnos en la ruta hacia el salto, una funcionaria del Parque Natural Agua de Ramón nos advirtió que estábamos en el límite de la hora para ascender. Y cuando ya pasaban las dos de la tarde, otro funcionario nos recordó que era tiempo de bajar.

Y así lo hicimos. Sin tanta pendiente y el cielo parcialmente nublado, la bajada hasta el punto de partida fue un paseo de casi tres horas de caminata. ¿Agotador? Un poco quizá, pero sobretodo reconfortante. No hay nada como dejar los pies caminando en medio de la naturaleza. El cansancio posterior va acompañado de una sonrisa.

De regreso en la ciudad nos dirigimos hasta la Fuente Suiza. Yo pedí un churrasco italiano con un shop Austral Calafate. Vicky pidió una hamburguesa casera con un jugo natural de frambuesa. Una gran sonrisa se dibujó en mi rostro quemado por el sol al primer sorbo de cerveza. Y mi estómago agradeció el primer bocado del sandwich. Todo estaba bien aquella tarde de primavera, mientras ya empezábamos a imaginar un próximo cerro para subir.

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Salto de Apoquindo #CerroAguasdeRamón #Santiago
Valparaíso, Chile
22 de diciembre de 2016

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