Una de las cosas que más me gustó de Florencia fue su nutrida oferta comercial a pequeña escala, desde tiendas con artículos de cuero -con producción local de botas y carteras- hasta jugueterías con figuras de madera, pasando por fiambrerías y heladerías, todo sacado como de un libro de ilustraciones de otro tiempo y dispuesto entre las estrechas calles de adoquines, en pleno siglo XXI.