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Esta escalera con forma de caracol es la ruta para descender desde las torres de La Sagrada Familia de Gaudí, en Barcelona. Como en otra partes del templo, las formas arquitectónicas remiten a la naturaleza, otorgándoles movimiento y dando la sensación de que estuvieran con vida.
martes, 31 de diciembre de 2013
La Sagrada Familia
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Para poder captar un plano general de la Sagrada Familia de Gaudí debimos atravesar el parque que está frente al templo. Desde la esquina opuesta recién logré captar el conjunto de la obra, dejando como marco la pequeña laguna y los árboles de la plaza, lo que le dio un aire más irreal a la imagen.
Para poder captar un plano general de la Sagrada Familia de Gaudí debimos atravesar el parque que está frente al templo. Desde la esquina opuesta recién logré captar el conjunto de la obra, dejando como marco la pequeña laguna y los árboles de la plaza, lo que le dio un aire más irreal a la imagen.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Gárgolas de Notre-Dame
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Uno de los lugares que más me gustó de París fue la Catedral de Notre-Dame. Esta fotografía la tome en una de sus torres. En primer plano se dibuja una de sus variadas gárgolas, abajo se expande París y, a lo lejos, se distingue la figura alargada de la Torre Eiffel.
Uno de los lugares que más me gustó de París fue la Catedral de Notre-Dame. Esta fotografía la tome en una de sus torres. En primer plano se dibuja una de sus variadas gárgolas, abajo se expande París y, a lo lejos, se distingue la figura alargada de la Torre Eiffel.
viernes, 20 de diciembre de 2013
Pasaje del Cerro Concepción
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Aquella tarde de invierno nos reunimos con mi padre en la Plaza Echaurren, nos fuimos caminando por calle Esmeralda y subimos por el ascensor Concepción hasta el Paseo Gervasoni. De ahí en adelante nos perdimos a paso lento entre las estrechas calles del cerro Concepción. De a poco comenzó a caer la noche y se encendieron los postes con sus luces amarillentas, iluminando los adoquines del piso. Me detuve un momento para tomar esta fotografía y luego seguimos paseando sin rumbo establecido.
Aquella tarde de invierno nos reunimos con mi padre en la Plaza Echaurren, nos fuimos caminando por calle Esmeralda y subimos por el ascensor Concepción hasta el Paseo Gervasoni. De ahí en adelante nos perdimos a paso lento entre las estrechas calles del cerro Concepción. De a poco comenzó a caer la noche y se encendieron los postes con sus luces amarillentas, iluminando los adoquines del piso. Me detuve un momento para tomar esta fotografía y luego seguimos paseando sin rumbo establecido.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Valparaíso mágico
Anoche celebrábamos el cumpleaños de una amiga en el Restaurante Poblenou de Valparaíso. Entre conversaciones y risas, Macarena nos invitó a subir a la azotea del local. Desde que salimos por la puerta que daba a la quebrada, todo se volvió de un aura mágica, como sólo sucede en el puerto. Subimos unas estrechas escaleras que zigzagueaban entre la roca y la casona hasta llegar a la azotea. En el camino nos encontramos con un gato gordo y perezoso que nos miraba desde
un escalón. Una vez arriba, la vista era maravillosa, a lo lejos se dibujaba un barco sobre el Océano Pacífico y a nuestros costados colgaban las hermosas casas de los cerros Concepción y Alegre. Cuando todavía no salía del asombro del paisaje, una bella pareja, llamada "Los Similares" irrumpió con guitarra, boleros y cuecas. Ella con una voz maravillosa y él con la picardía del choro porteño. Como en "Medianoche en París", la situación nos trasladó hasta otra época y no nos quedó más que escuchar, reír y aplaudir las cuecas de piratas, inmigrantes y el equipo local: Santiago Wanders. Fue un momento mágico e inolvidable. Gracias por ser así, Valparaíso.
Graffiti porteño en Almirante Montt
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Muchas son las cosas que han desaparecido de Valparaíso. Palacios que explotan en el aire, iglesias en llamas y terremotos que trizan mercados tradicionales; edificios de 20 pisos que crecen sobre los cerros o centros comerciales que desean echar raíces donde ayer hubo un puerto. Y sin embargo, Valparaíso sigue estando ahí. No sólo aguantando el paso del tiempo, sino dejando que la magia fluya y se reinvente libre por sus calles. Una prueba de esa nueva magia, son los bellos murales que inundan las calles de la ciudad con colores y formas oníricas que alegran el paso de sus habitantes y aquellos visitantes que en busca de vestigios del siglo XIX, se encuentran con estas bellas expresiones culturales de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Bien por nuestro querido puerto y los artistas que ven en sus calles las telas donde plasmar su arte.
Muchas son las cosas que han desaparecido de Valparaíso. Palacios que explotan en el aire, iglesias en llamas y terremotos que trizan mercados tradicionales; edificios de 20 pisos que crecen sobre los cerros o centros comerciales que desean echar raíces donde ayer hubo un puerto. Y sin embargo, Valparaíso sigue estando ahí. No sólo aguantando el paso del tiempo, sino dejando que la magia fluya y se reinvente libre por sus calles. Una prueba de esa nueva magia, son los bellos murales que inundan las calles de la ciudad con colores y formas oníricas que alegran el paso de sus habitantes y aquellos visitantes que en busca de vestigios del siglo XIX, se encuentran con estas bellas expresiones culturales de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Bien por nuestro querido puerto y los artistas que ven en sus calles las telas donde plasmar su arte.
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